[Macroentrada] ¿Qué es lo que se esconde tras Khaelara y Asshel? ¿Por qué el lector "se identifica" con el protagonista?




Buenas tardes!


Recientemente he estado pensando en una pequeña entrevista que me va a hacer un compañero (y que no sé si será púbica, ni en caso de serlo, cuándo, lamentablemente), y esto me ha hecho pensar un poco en mi trabajo hasta la fecha.A algunos os parecerá que el tema ya se ha hablado anteriormente, por ejemplo en la entrada “Qué hay tras La Senda del Caos”? Bueno, pues quizá sí, quizá no. Yo diría que desde luego, no del todo.


Lo cierto es que, en primer lugar, y a pesar de lo vanidoso que pueda sonar, lo que hay tras la creación de cada uno de los personajes de mis novelas es un cierto orgullo (incluso cuando algunos de esos personajes no han sido diseñados, sino que casi “han surgido solos”); en realidad es lógico y natural, ya que al primero que tiene que gustar lo que uno escribe es a uno mismo.


Dejando esa pequeña obviedad de lado, lo cierto es que la mayoría de los personajes “importantes” que aparecen en estas novelas llevan un pequeño mensaje consigo mismo; a veces este mensaje cambia a lo largo del tiempo, a veces permanece invariable, y a veces, los mensajes de distintos personajes enfrentan realidades opuestas, sin por ello encontrarse necesariamente en una situación antagónica. Un buen ejemplo (uno de mis preferidos, confieso), es el del virrey Timonska: desde el primer momento se le dibuja como un tirano “no tan malo”, y aunque parece que esta situación está predispuesta a cambiar para mejor, no sólo no lo hace, sino que de hecho, se “justifica su maldad”. Sus apariciones no siempre son relevantes, aunque sí aportan algo a la narración, y conforme lo conocemos, llegamos a comprender por qué es como es, incluso aunque no lo compartamos.


En el lado opuesto, encontramos a la pieza central de todo este mundillo: Khaelara. Desde el primer momento se nos da como una persona firme, más o menos en posesión de la verdad, y por extensión, “justificada” en cuanto a sus actos se refiere. Y aún a día de hoy, no puedo evitar sonreírme con una cierta malicia cuando leo o escucho a alguien decir que de alguna forma se ha sentido identificado con nuestra protagonista. Personalmente, voy a decir una de esas cosas que suelo evitar mencionar cuando hablo sobre mis novelas con la gente: conforme escribía El Alquimista, y más adelante mientras lo corregía, no podía evitar pensar a cada rato lo mucho que me reía con Jan… y consecuentemente, lo “bien” que había desarrollado la idea que tenía originalmente; lo cierto es que estaba muy contento con este personaje (y creo que va a tener mucha mejor acogida que La Senda, en realidad). Por ello sentía que El Alquimista iba a ser un libro objetivamente mejor en todos los aspectos; entre ellos, por estar mejor escrito y su personaje mejor desarrollado.


Ahora, trabajando en esta gran reedición de La Senda, me retracto. Asumo que Khaelara es un personaje no del todo misterioso y cae en algunos clichés: es firme y fuerte, pocas veces duda y, pese a presentarse como una persona amenazante e inmisericorde, no tardamos en ver que donde más convincentemente muestra su maestría no es en la mano sino en la mente. En resumidas cuentas, es un personaje peligroso. A nosotros, como lector, “nos gusta”, porque da la casualidad de que hemos caído de su lado. Lo cierto es que La Senda del Caos podría haberse escrito desde el bando opuesto y no tendríamos problemas en catalogar al grupo de personajes como los malos malísimos. Y aun así, logra que el lector, con frecuencia, se identifique con ella, incluso cuando la mayoría no somos unos maniacos fríos y calculadores. Además, no encaja en el prototipo de “malo” que hace lo que hace porque está convencido de ser lo mejor para todos y lo luce con orgullo; su máxima en la vida es haber estado siempre equivocada, y en el mejor de los casos aspira a pasar inadvertida. En el peor, cuenta con pasar a la historia como una persona inmoral y extremadamente peligrosa.


Y pese a todo… nos identificamos con ella. Un poco; quizá sólo en algunas ocasiones, o incluso casi nunca. Lo cierto es que aunque sí sé de gente que ha empezado La Senda y no lo ha terminado, no tengo noticia de ninguna que sí lo haya hecho y no me comentase algo parecido. Así pues, creo que sí que tiene sentido preguntar: ¿Qué hay detrás de Khaelara? Sabemos que no siempre ha sido como la vemos en La Senda. Creció a la sombra de Asshel, un mentor del que sólo sabemos que la educó con una fuerte disciplina y con unos valores probablemente trastocados. La impresión que deducimos desde el primer momento, es que la visión oscura y deprimente que Khaelara tiene del mundo es un reflejo de esta educación… pero lo cierto es que no tenemos forma alguna de saberlo. En cada ocasión en la que se hace mención a los tiempos que Khaelara pasó junto a Asshel, podemos ver que no sólo él no la fuerza a hacer cosas, sino que en ocasiones, es ella quien conduce el cauce de los hechos, ya siendo una niña y en una evidente situación de inferioridad. Y sin embargo, en ningún momento nos planteamos, creo que puedo decir en nombre de todos, que la persona en la que la vemos convertida no haya sido una causa directa de su tiempo con Asshel. Es decir, obviamos que él la ha convertido en lo que es. ¿Pero y si no? En realidad, no sabemos mucho de Asshel (yo sí, claro! Fue el primer personaje de toda la saga que diseñé). No tenemos forma de saber quién llevó al otro a ser lo que terminó siendo, aunque la opción más probable parece ser que ambos se terminaron complementando de una u otra manera.


Lo cierto es que, rompiendo un poco la barrera de lo que sabemos por los libros y pasando a lo que sabemos porque os lo confieso como autor, Khaelara es el personaje más “inhumano” de toda la saga. Ni su sucesora ni su predecesor terminan teniendo un enfoque tan objetivo, tan frío y calculador de lo que es la existencia, de lo que es deseable y de lo que no… porque la propia Khae en ningún momento se erige como un personaje bueno; si acaso, hace mención a lo que es justo, y aún así pasa de puntillas por encima del término o destaca lo relativo que es. En realidad, Khaelara es el único personaje de toda la saga con ese enfoque; todos los demás se atienen en menor o mayor medida a unos ideales, incluso cuando consideran que esos ideales no son deseables pero aún así les sale a cuenta por el beneficio que obtienen. Dos buenos ejemplos son Jashid o incluso (manos a la cabeza) Ibrid: el afable enano que en ningún momento se nos presenta como un personaje malvado... porque no lo es. Y aun así, en sus escasas apariciones actúa siempre por bondad, pero lo hace de forma negligente o irresponsable.


Casi todos los personajes que interaccionan con Khaelara se anteponen a ella de una u otra forma, y al mismo tiempo guardan un cierto parecido, y quizá esa es la clave de que todo el mundo “se identifique sólo un poco” con ella. Por ejemplo, Jashid, asesino renombrado y sin escrúpulos, parece en un principio ser la antítesis de nuestra protagonista; o dicho de otra forma, su “opuesto igual y contrario”. Pronto vemos que no sólo no lo es, sino que por su interacción con ella, cambia y se desarrolla; presumiblemente, para bien. De Ibrid podemos decir lo mismo: aunque sabemos poco de su pasado, sí sabemos que tras sus interacciones con Khaelara termina sentando la cabeza y dedicándose, de una u otra manera, a cuidar de quienes quiere, a pesar de sus métodos cuestionables.


Con el resto de personajes sucede algo parecido; no merece la pena entrar en detalle en todos porque la entrada ya es bastante larga como es, pero conforme concluye La Senda del Caos, podemos ver como todos los que han interactuado en mayor o menor medida con Khaelara han cambiado. Sin meternos en lo “bueno” o “malo”, si parece que hayan cambiado hacia un punto deseable, sea este "bueno" o no.


¿Termina La Senda del Caos bien? ¿Termina mal? Creo que depende en gran medida de cada lector. A mí, personalmente, me parece que termina bien. Desde el primer capítulo, la impresión que se palpa es que no termina con todos comiendo perdices y siendo felices, claro. De pocas formas podría un personaje como el que estamos manejando limitarse a darse una buena comilona y ser feliz para la posteridad; ya sabemos que tenemos un personaje roto, desmoronado por dentro, y sabemos que eso no le haría feliz. No es eso lo que desea, y no es eso lo que obtiene. Muchos otros tampoco comen perdices, no vamos a negarlo.


Al final, en La Senda del Caos encontramos unos personajes que salen a cambiar el mundo, pero terminan cambiándose a sí mismos. No sabemos si para bien o para mal… y el mundo, de haberlo cambiado, tampoco tenemos claro en qué dirección se ha hecho. Y pese a todo, como lectores, siempre hemos tenido claro con quién íbamos. Con la protagonista sombría y amenazante, que no habla demasiado, no gasta muchas bromas y la mitad de las veces que sonríe es para darle peso a una amenaza velada.


Personalmente, creo que ese es el mayor encanto no sólo de La Senda del Caos ni de Khaelara, sino de toda la atmósfera que se percibe tras la historia. Y más que con un personaje, termina siendo con eso con lo que nos identificamos, aunque al final siempre necesitemos ponerle una cara o un nombre; al final, nadie es “bueno” ni “malo”. Si acaso podemos hablar de cuán deseable es nuestra conducta, y conforme a qué o quién lo determinamos. Creo que ese es el mensaje que se grita en cada página de la saga; no sé si porque soy el escritor y veo lo que me gusta ver, o porque en cierto modo he terminado haciendo un trabajo aceptable. Me imagino que de las dos cosas hay.



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